El Maestro Juan Colón sostiene que los músicos y cantantes dominicanos no dominan la salsa

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Usamos este nombre para definir la autenticidad de un tipo específico de música: bolero, jazz, tango, cumbia, ranchera, merengue, guaracha, salsa, etc., etcétera.
Para un músico poder dominar diferentes géneros, necesita un trabajo arduo y tenaz, y algo mucho más complejo sentirlo sin pensar que lo siente, solo expresarlo y tener la conciencia de que su honestidad no tenga la menor duda.
Es como los idiomas, solo cuando vamos desde niños es que logramos hablar el idioma donde estemos como si fuéramos auténticos.
Eso mismo pasa con la música, tenemos el merengue, muchos países han tratado de tocarlo como nosotros pero no ha sido posible por las mismas razones de cuando llevamos a vivir un niño a un país que no se hable su idioma.
Se habla del merengue “a lo maco”, luego el “merengue bomba”, ambos derivaciones pero no auténticos.
No he escuchado tamboreros, congueros, guireros, saxos, trompetas, hacerlo con nuestra fraseología propia que puedan ser considerados como un nativo, sin ningún tipo de acento.
Podemos creer que lo tocamos, que lo dominamos pero nada más lejos de la verdad. Nos pasa también con la “salsa” que estamos haciendo.
Hablamos de que “estamos pegados” por el mundo hispano, pero no es cierto, es solo en las comunidades dominicanas en la diáspora.
Para poder tener un sonido de salsa que nos identifique ante los ojos del mundo hispano, nos falta mucho camino por recorrer.
Cada músico debe dominar el género, tocarlo es otra cosa. Lo podemos tocar pero siempre sonaremos como merengueros tocando salsa. El “laid back” (un poco detrás del tiempo) viene envuelto de manera intrínseca en cada intérprete y en cada músico.
No tiene nada de malo hacer salsa como lo hacemos, pero no engañarnos a nosotros mismos al pretender que lo que interpretamos tiene los ingredientes necesarios para competir con los grandes de ese género.
Si escuchamos las grabaciones de Gilberto Santa Rosa, Marc Anthony y Víctor Manuel, por mencionar algunos, notaremos que las sensibilidades individuales no llevan el mismo concepto.
Y luego está el reto más delicado, tocar en vivo, donde la conciencia sonora es mucho más exigente.
Hacemos trabajos muy buenos y eso esperanza que en unos años (si aceptamos que necesitamos independizarnos del merengue) lograremos, como Venezuela y Colombia, sonidos que identifican un nuevo estilo, con grandes intérpretes, como Oscar de León, quién escaló al mundo de los grandes de la salsa, y también el grupo Niche.
Las partes del piano y bajo deben tener un buen conocimiento de cómo tocar latin jazz para dominar las progresiones armónicas que son las que dan el color específico. Igual pasa con la parte rítmica y las secciones de metales.
Podemos apreciar ese concepto en los grandes de la Fania All Stars: Luis Perico Ortiz, Ray Barreto, El Conjunto Clásico, Willie Rosario, La Sonora Ponceña, por mencionar algunos.
Hay grandiosos intérpretes latinos que tocan el jazz, muchos de ellos han logrado trascender lo suficiente para ser tomados en cuenta por los nativos de la “música de los músicos”.
No obstante el calificativo de “latin jazz” sigue como título para etiquetarlo.
Se trata de que lograr ser considerado como uno de los que domina un género a la perfección es una meta a perseguir por toda la vida.
Sin ánimos de ofender a nadie, es un punto de vista al generalizar la problemática del dominio de los géneros, nos toma la vida en el intento y no logramos dominar lo que sabemos no tenemos con nosotros.
Sé que en nuestra sociedad es un suicidio hablar con franqueza, pero lo hago con todo mi respeto y me dirijo a todos los involucrados.
A través de la vida aprendí ante todo a ser honesto conmigo mismo y luego con la sociedad.

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